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10 de septiembre de 2009


Homilía pronunciada por
S.E.R. Cardenal Jaime Ortega Alamino
Arzobispo de La Habana,
en la Festividad de Ntra. Sra. de la Caridad.

Santuario Diocesano de Ntra. Sra. de la Caridad,
8 de septiembre de 2009.

Queridos hermanos y hermanas:
¡A Jesús por María! ¡Cuántas veces estamos oyendo esta frase, y aún la hemos repetido sin comprender bien su significado! Este es el lema que la Iglesia Católica presenta a todo nuestro pueblo cubano al acercarse paso a paso el año 2012, cuando celebraremos los 400 años del hallazgo de la imagen de la Virgen de la Caridad flotando sobre las aguas en la bahía de Nipe, al norte de la zona oriental de Cuba.

Desde entonces hasta nuestros días Ella ha estado presente entre nosotros y la devoción de todo el pueblo cubano tiene su centro en el Santuario de El Cobre; hoy hacemos en toda Cuba una colecta nacional para mejorar y embellecer ese Santuario donde conservamos y veneramos aquella bendita imagen de la Virgen María. ¡Cuántas veces cada día y todos los días del año escuchamos allí a sus hijos cubanos dirigirse a su madre del cielo, abriéndole el corazón, como lo han hecho hoy nuestros hermanos al paso de la procesión y como lo hacen ustedes aquí: Dios te salve, María, llena de gracia… bendito el fruto de tu vientre, Jesús! Porque Jesús, a quien proclamamos bendito, es el Hijo de Dios hecho hombre, es el fruto del vientre virginal de María.

En su imagen de El Cobre, en la de este Santuario y en todas las imágenes que nos son tan familiares, y que encontramos en las iglesias y en nuestras casas, la Virgen María de la Caridad tiene a Jesús-niño en su brazo. Sí, María siempre está unida a Jesús, como toda Madre está unida a su hijo, pero de modo singular, porque todo lo que hay de humano en Jesús lo ha recibido de María.

En efecto, Jesús no es el fruto de la unión de un hombre y una mujer. Lo sabemos por el Santo Evangelio. Cuando María conoce por el anuncio de un ángel que va a ser la madre del Salvador, responde: pero ¿cómo será esto posible, si yo no he tenido relación con ningún hombre? Jesús es, pues, todo de María, Jesús, el Hijo de Dios, vino a nosotros, se hizo parte de nuestra vida en la tierra por medio de María y por obra del Espíritu Santo. Mas, si El llegó hasta nosotros por Ella, nosotros podremos llegar a Jesús por María.

Y, ¿acaso no podemos dirigirnos directamente en la oración a Jesús?, preguntarán ustedes. Claro que podemos hacerlo pero, por un lado, somos a menudo olvidadizos o despreocupados y la madre nos recuerda siempre las cosas importantes, por otro, no conocemos a Jesús, el pueblo cubano no sabe en gran medida quién es Jesús, no conoce sus enseñanzas. Además, no se trata únicamente de dirigirnos a El en nuestras oraciones, sino de llegar a Jesús, de encontrarnos con Él.

Al no conocer a Cristo Jesús, pueden decir algunos: yo tengo ya mi madre del cielo que me protege, la Virgen de la Caridad, ¿es necesario ese encuentro con Jesús? Sí, más que necesario, es imprescindible. Del encuentro con Jesús depende que tu vida tome otra orientación o que te sientas seguro o segura de ir por el buen camino. Jesús nos dice de sí mismo en el Santo Evangelio: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”. Encontrarse, pues, con Jesús significa hallar el Camino verdadero, llenarse de vida. Y si tienes el valor no sólo de escuchar sus palabras, que El dice a lo hondo de tu corazón en ese encuentro, sino de seguirlo como discípulo, como quien de veras aprende de Él, sentirás que de lo hondo de ti salta una especie de manantial de agua fresca que nace de tu corazón, una alegría que nadie te puede quitar, y se hace luz en tu camino y comienzas a verlo todo distinto y tu vida deja de ser un edificio en ruinas o un callejón sin salida, porque nacerá en ti la ESPERANZA.

Y no una esperanza exterior de que “las cosas van a cambiar”, sino una esperanza honda, que se apoya en Dios, de que “Tú puedes cambiar”. Si tú cambias el mundo cambia, porque cambia tu mirada sobre las cosas y no ves todo oscuro y triste. Los que sufren depresión u otros trastornos psíquicos ven la realidad deforme o la consideran muy difícil de encarar. Quien tiene su fe y su confianza puestas en Cristo-Jesús, porque lo ha encontrado, porque ha escuchado su palabra y creído en Él, camina como su discípulo por la vida, lleno de esperanza y, aunque la realidad sea difícil de superar, halla la fortaleza de espíritu para no quedar aplastado por los acontecimientos y no perder la paz del corazón.

Es necesario, pues, encontrarse con Jesús, hacerse su discípulo, aprender a amar como El nos lo ha mostrado. Por eso llamamos a Jesús nuestro Salvador, porque El nos salva, nos libra del miedo y de la angustia y nos abre así el camino que lleva hasta la eternidad feliz. Allí lo encontraremos definitivamente más allá de nuestra muerte.

¡Qué acierto ha tenido la Iglesia en Cuba al invitar a todos los creyentes en Dios a llegar a Jesús por María! Porque a la Madre no la olvidamos nunca, la sentimos cercana y siempre oímos los consejos que ella nos da. Quiso Dios que la imagen de María, Madre de Jesús y Madre nuestra, fuera hallada flotando sobre las aguas de nuestros mares por tres indios y mestizos cubanos, que recogieron la imagen con mucho amor. En una tabla a la cual estaba unida se leía: “Yo soy la Virgen de la Caridad ”.

Desde ese día el cubano la acogió en su casa, ha sentido a María como madre amorosa y le ha rezado lleno de gratitud y de confianza, y Ella no ha cesado de desempeñar con nuestro pueblo el papel maternal que su Hijo bendito le confió desde lo alto de la Cruz cuando le dijo: “Madre ahí tienes a tu hijo”. Esa fue una de las palabras de su despedida, del testamento espiritual de Jesús. Y a nosotros, nos dijo: “hijo, ahí tienes a tu Madre”.

María de la Caridad, la Virgen del Cobre, es esa Madre que se ocupa de sus hijos cubanos. Y nos repite siempre el mismo consejo: “Hagan lo que Él les diga”. En eso está nuestra salvación, en hacer lo que Jesús diga a lo hondo de nuestros corazones. Si lo escuchamos y ponemos en práctica cuanto nos dice, nuestra vida cambiará.

Cuánto debemos rogar a la Virgen María de la Caridad que indique a los hombres y mujeres de nuestro pueblo el sendero que los lleva a Jesús, porque el encuentro con Jesús será para los cubanos reencontrarnos como pueblo, redescubrir los valores cristianos dormidos, pero latentes, en la conciencia colectiva del pueblo cubano y en muchos hermanos nuestros, y podremos así reemprender o comenzar la práctica de las virtudes personales y sociales que hoy parecen estar ausentes.

En pocas páginas de un mismo periódico pude leer tres artículos que se referían al estado decadente de las personas en nuestra sociedad: jóvenes sin camisa que suben a los ómnibus, mujeres que se quejan de las críticas de algunas personas porque ellas exhiben su vientre y no dicen nada a los hombres que van con el torso desnudo. Y ambas cosas son deplorables. Otro artículo decía que una abuela explicaba que jamás un hijo de ella se sentó a la mesa a comer sin camisa, y esto es hoy tan frecuente… Otra periodista relata que en una guagua en que iba con sus dos hijas menores entró un grupo grande de jóvenes descamisados con un talante violento y sin querer pagar. Ella sintió miedo y abrazó junto a sí a sus dos hijas. Hasta aquí he hablado sólo de lo externo, de la manera de presentarse, no de los hechos violentos reales que van desde poner música ensordecedora, hasta asesinar a un sacerdote para robarle, pasando por peleas, violencias familiares, vida sexual desenfrenada, abuso de las bebidas alcohólicas por parte de los jóvenes, desprecio a la ancianidad y descompromiso social.

Seguro que en los noticieros del mundo que tomaron hoy la procesión de la Virgen de la Caridad en La Habana, como cada año, aparecerán en los balcones y azoteas, y aún en la misma acera, hombres y aún mujeres semidesnudos ante la imagen de María de la Caridad que pasa frente a ellos. A veces nos parece retornar a un primitivismo salvaje. No es el aspecto urbano lo peor de Centro Habana. Créanme que en los videos de otros años los edificios y casas no lucen tan mal, es el paisaje humano el que aparece verdaderamente deteriorado. Y no es sólo que el paisaje visible de los hombres y mujeres luzca así. Esto es más bien un síntoma del desarreglo interior que se ha instalado en el cubano de hoy. En la mayoría de los casos no hay odio ni desprecio en algunos modos de actuar, ni ningún otro sentimiento malo, sino un vacío de valores, una falta de delicadeza, un vivir sin pensar, que puede estar generando una extraña cultura de la vaciedad, de la nada. Descubrimos en ello un hombre y una mujer no motivados desde lo profundo para actuar y vivir personal y socialmente de forma constructiva.

Claro que no es la Iglesia la única preocupada por estas cosas, pero lo que la fe cristiana puede ofrecer para mejorar la sociedad es la renovación del ser humano. Para esto se necesita una motivación profunda que haga a los hombres y mujeres de hoy, especialmente a los jóvenes, capaces de hallar un sentido para sus vidas, de ir por la vida con esperanza y llenar sus corazones con sentimientos de fraternidad y amor. Esta es la verdadera religión, la que propone y favorece actitudes de sinceridad, de decencia y de amor, no de violencia y aflicción, la que llena al ser humano de valor y fortaleza para enfrentar las dificultades, la que alegra el corazón y colma de paz el alma, al sabernos amados por Dios.

Si nos transformamos de ese modo, cambiará la vida familiar y el comportamiento social y seremos aquellos cubanos acostumbrados a sentirnos siempre miembros de una gran familia. Todo esto es muy difícil de lograr cuando vivimos sin fe en Dios. Por eso pedimos a la Virgen de la Caridad, Madre de todos los cubanos, en el día de su fiesta, que Ella nos conduzca de la mano hasta Jesús, hasta Dios, para que el milagro del amor en el seno de la familia, en el vecindario, en la calle, sea el distintivo de todos los cubanos y sea también signo de que en lo profundo de nuestro ser algo se transforma, algo cambia, porque ha surgido la ESPERANZA.

Virgen de la Caridad, ruega por nosotros.

Reproducido de
http://www.arzobispadodelahabana.org
Foto: Gaspar, El Lugareño
http://www.ellugareno.com


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8 de septiembre de 2009


Homilía del P. Alberto Bueno, TOR, durante la Eucaristía celebrada el sábado 5 de septiembre de 2009 en la Basílica Santuario Nacional de la Inmaculada Concepción en Washington DC, en la Festividad de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, Patrona de Cuba.


“María Santísima de la Caridad jamás olvida a los cubanos… A la imagen de la Virgen de la Caridad es a la que tienen mayor devoción.”

Con estas palabras el arzobispo de Santiago de Cuba, San Antonio María Claret, deja en sus escritos del principio de la década de 1850, testimonio de la devoción de los cubanos a Nuestra Señora de la Caridad. Pero vemos también en estas palabras la fidelidad de María Santísima de la Caridad a sus hijos de la isla de Cuba. Ella “jamás olvida a los cubanos.”

Qué imagen más bella y profunda nos deja el santo obispo de la relación entre Nuestra Madre y nuestro pueblo. Un mensaje sumamente cristiano y humano. Recordando las palabras de Jesús en la cruz, que encontramos en el evangelio de San Juan, “He aquí a tu Madre, he aquí a tu hijo…” Como cristianos somos hermanos y hermanas de Jesús y por extensión, hijos e hijas de María. Desde su encuentro en la bahía de Nipe en 1612 por los hermanos Juan y Diego de Hoyos y el negro libre Juan Moreno comenzó esta relación estrecha, constante y piadosa. El testimonio que Juan Moreno dejó a los 85 años de las hazañas de su niñez encontrado en los archivos de Indias en Sevilla es prueba de este momento clave de la evangelización de la Isla y de este punto de unidad entre todos los que llaman a Cuba patria y hogar.

A lo largo de la historia de Cuba la presencia de la virgen de la Caridad del Cobre es constante y profunda. Había, y hay, algo que toca el corazón y la consciencia de los cubanos: ¡María de la Caridad – María del Amor! El amor que Nuestro Señor Jesucristo proclamó en los evangelios, el ágape, es algo que se encuentra en el carácter del cubano. Es una cualidad que viene muy natural en el corazón cubano, pero a la vez es una virtud a cual muchas veces fallamos en aplicar. Sin embargo es algo que se demuestra en la manera de ser de nuestra gente. Ese espíritu acogedor, hospitalario y tan familiar que nos identifica adonde nos encontremos en el mundo.

Nuestra historia refleja esta unidad, especialmente cuando comienza el proceso de la independencia. La Virgen de la Caridad es la quien une a los cubanos de todo tipo y toda clase. Un pueblo tan dividido por la raza, clase social o educación y formación, ella los unió. Y después del largo proceso y guerras de independencia, los veteranos de la manigua le piden al Santo Padre Benedicto XV, que nombrase a la Virgen María de la Caridad como patrona de Cuba en 1916. Este título fue otorgado por el Papa y es algo que se ha renovado y reconocido pos sus sucesores. Su Santidad Paulo VI, en 1977 nombró el santuario en el Cobre como basílica. Llegó a su apogeo durante la visita de Su Santidad Juan Pablo II en Enero de 1998, cuando en la plaza Antonio Maceo en Santiago, el Papa coronó a la imagen de la Caridad como Reina de Cuba.

Hoy en día, cuando los cubanos nos encontramos tan divididos por la distancia, la política, y tantas otras cosas, la Santísima Virgen María de la Caridad del Cobre, como buena Madre, se hace presente a sus hijos e hijas de Cuba. La Iglesia en Cuba ha entrado en un proceso de preparación para conmemorar el cuarto centenario del encuentro de la imagen de la Virgen. Y como Iglesia Católica, es decir universal, ha invitado a todos los cubanos “allá y acá” a participar.

Hoy, al celebrar otra vez la fiesta de la Virgen María de la Caridad del Cobre, recordamos las palabras, escrita por un sacerdote cubano a los comienzos de 1868, el Padre Fabriciano Rodríguez Mora, en su libro llamado, Brevísimas reflexiones acerca de la imagen de la Santísima Virgen, bajo el título de la Caridad del Cobre. En su dedicatoria escribió el padre:

‘Yo, impulsado
no sólo de aquel principio que enseña
que es indigno de la vida
el hombre que no ama a su patria,
sino también de los sentimientos de mi propio corazón,
elogiaré siempre con entusiasmo
el suelo en que a Dios plugo que naciera,
aun cuando haya de recibir, como recompensa inmediata,
los sarcasmos de la injusta malevolencia.

Y considerándoos a vosotros
animados de los mismos sentimientos,
estoy persuadido de que os agradará su contenido,
pues se trata nada menos que de MARÍA,
esperanza de los hombres;
de Cuba, nuestra patria muy querida;
y es cubano quien trasladó al papel
Estas humildes producciones”.

Estas palabras del Padre Fabriciano nos traen a la mente las palabras proclamadas por el Papa Juan Pablo frente a la pequeña imagen hallada en la Bahía de Nipe:

Has venido a visitar nuestro pueblo
y has querido quedarte con nosotros
como Madre y Señora de Cuba,
a lo largo de su peregrinar.

Hoy nuestra Madre, la Santísima Virgen María de la Caridad, nos invita, nos implora, que nos preparemos de una manera espiritual y moral, basado en el Evangelio de su Hijo Jesucristo, a renovar nuestros corazones y nuestras vidas para celebrar este aniversario de su presencia con nosotros los cubanos. Que el amor cristiano, el ágape es decir la preocupación por el bien estar del otro, del prójimo, sea la raíz y la flor de la vida de cada uno y de todos nosotros. Que de esta manera mostremos, no solamente nuestra fe cristiana y católica, sino nuestra identidad como cubanos y cubanas, no importe donde nos encontremos. Que al vernos las personas puedan decir como dijeron de los primeros cristianos: “Mira como se aman los unos a los otros.” Qué, como buenos cristianos y cubanos, podamos derrumbar las divisiones y buscar esa unidad de fe e identidad que es nuestra herencia como miembros de la iglesia y del pueblo cubano.

Pongamos en práctica y hagamos nuestra oración las palabras de la oración a la Virgen de la Caridad con ocasión del IV centenario:

Virgen de la Caridad del Cobre
hija amada del Padre,
Madre del Señor Jesús,
templo del Espíritu Santo
y Madre de todos los cubanos.

Al celebrar con alegría el cuarto centenario
de la presencia de tu bendita imagen
en nuestra tierra cubana,
te alabamos y te damos gracias
por el regalo de Dios para nuestro pueblo,
por peregrinar con nosotros mostrándonos a Jesús,
por animar siempre a la Iglesia
que guiada por el Espíritu Santo,
quiere servir a su pueblo.

María de la Caridad, mujer creyente,
fortalécenos en la fe;
maestra de esperanza,
enséñanos a vivir esperanzados;
reina y señora de la caridad,
muéstranos el sendero del amor,
del perdón y la reconciliación
entre todos los cubanos.

Acompáñanos en la oración,
enséñanos el camino de la conversión,
ayúdanos en el compromiso
y en servicio a los hermanos,
especialmente a los que más sufren.

Madre de la Caridad,
que eres signo y vínculo de unidad,
te suplicamos por todos tus hijos
que, desde dentro y fuera de la patria,
desean lo mejor para Cuba,
te miran como símbolo de cubanía,
y sienten que la Caridad nos une.
Cuídanos y protégenos, líbranos de todo mal.

Contigo, primera discípula y misionera,
queremos seguir anunciando a Cristo
como el Camino, la Verdad y la Vida
para que nuestro pueblo, en Él,
tenga vida abundante, verdadera y eterna.

Santa María, Virgen de la Caridad del Cobre,
ruega por nosotros a Dios.
Amén.

Que así sea.


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